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¡Ya es oficial! Los directivos españoles no sabemos delegar.

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Ya es oficial. Los directivos españoles no sabemos delegar y esto perjudica a la competitividad del país.

El World Economic Forum lo ha confirmado. Los directivos españoles estamos menos dispuestos a delegar autoridad que los países de nuestro entorno.

En Julio de 2016 Caixabank research publicaba un documento de trabajo titulado Radiografía de la productividad del trabajo en España.

A lo largo del documento se evidenciaba que las ganancias de productividad aparente de nuestra economía en las últimas dos décadas han sido reducidas.

Como causas, los sospechosos habituales: la menor dimensión de nuestra empresas, un menor grado de internacionalización, una empleabilidad limitada de la oferta de trabajo, especialización en sectores más intensivos en el factor trabajo y elevada tasa de temporalidad. Solo al final del trabajo, aunque mejor tarde que nunca, aparecía una variable que normalmente no se incluía en los análisis económicos de la productividad del trabajo: la autonomía de los trabajadores.

Algunos datos.

Los jefes españoles ejercen un control más directo sobre el ritmo de trabajo de sus subordinado que sus homólogos alemanes. 41% de los españoles vs 21% del grupo alemán.

Solo un 26% de las empresas españolas realiza encuestas entre sus empleados para conocer sus opiniones, frente al 51% de las alemanas.

Solo el 17% de las empresas españolas dice que las decisiones se toman entre los miembros del equipo (frente a que las toma exclusivamente el superior) mientras que en la muestra alemana lo hace el 35%.

Y ahora textualmente: “ la evidencia por tanto sugiere que el grado de descentralización en la toma de decisiones dentro de las empresas españolas es inferior al de las alemanas, lo que es posible que esté incidiendo negativamente sobre su productividad. Esta distinta cultura organizativa está probablemente asociada a la menor confianza que tienen los españoles en las acciones que llevan a cabo el resto de los individuos y en la correcta gestión de las instituciones.”

Y concluye: “Un mayor grado de decisión en el trabajo tiende a mejorar la productividad. dado que la autonomía de los trabajadores españoles es relativamente baja, probablemente se podría aumentar la productividad si las empresas hicieran a sus empleados más partícipes en la toma de decisiones”.

Pues ahora, un indicador del Global Competitive Index en la edición 2017-2018, introducido por primera vez este año, viene a confirmar lo que ya el documento de Caixa Bank Research apuntaba: los directivos españoles no estamos dispuestos a delegar autoridad.

Un breve repaso por el Global Competitive Index.

El GCI elaborado por el World Economic Forum valora la competitividad de 137 economías.

La valoración de la competitividad se hace en base a 12 pilares que se agrupan en 3 grandes áreas: requerimientos básicos de la economía, Multiplicadores de la eficiencia y factores de innovación y sofisticación.

En la última edición 2017-2018 España ocupa la posición 34 entre las 137 economía analizadas. Teniendo en cuenta que en la edición anterior nuestro lugar en el ranking fue la 33, no podemos decir que la cosa haya ido mal, con la que está cayendo.

 

Descargar aquí la ficha país (España).

Pues bien, el pilar nº 11 llamado “business sophisticaction” nos sitúa en la posición 29 de 137. Es decir, nada mal. pero, ¡Ay! que si miramos atentamente uno de los 9 ítems que se incluyen en este pilar es precisamente “Predisposición a delegar autoridad” y aquí no salimos tan bien parados: posición 61 de 137. precedidos por Slovenia y seguidos por Zimbabwe.

 

Para que lo tengamos claro. La pregunta a la que hace referencia este ítem es: “ en su país, hasta qué punto los directivos delegan autoridad a sus subordinados: 1= nada en absoluto: 7; en gran medida.

En resumen: España ocupa el puesto 34 en el Ranking de Competitividad del WEF sobre 137 países. Sin embargo ocupamos la posición 61 en “Disposición de los directivos a delegar autoridad”. ¿Nos dice esto algo?

Hay quien pueda decir que este análisis es demasiado superficial y seguramente tiene razón. Pero las evidencias se van acumulando. Y decir que “es cultural”, desgraciadamente, no arregla el problema.

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