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De “Formación y Desarrollo” a “Mejora del Rendimiento”.

Clarity mejora del rendimiento

El  conocimiento y el aprendizaje han cobrado una importancia decisiva para la estrategia corporativa en los últimos 10 años. Sin embargo, cada vez se escuchan más voces que reclaman una mayor dedicación a la medición de la rentabilidad de estas inversiones. Para ello es necesario que los profesionales de formación y aprendizaje sean capaces de conectar con los gestores de negocio y de demostrar que sus actividades se traducen en una verdadera mejora del rendimiento.

Aprender un lenguaje común.

¿Por qué es importante que los profesionales de aprendizaje y formación hablen el lenguaje del negocio?

Los gestores del negocio en el día a día tienden a menospreciar el valor de las inversiones en activos intangibles. Sus intereses se vuelcan en el crecimiento semana tras semana, en los indicadores financieros y en definitiva en los resultados finales en el periodo de reporte.

Por otro lado, los directivos del primer nivel no comparten necesariamente los conocimientos más técnicos de los profesionales del aprendizaje y el conocimiento. Existe una dificultad generalizada para “Conectar” de forma clara las inversiones en formación con los resultados del negocio.

Este es el motivo por el que el término “rendimiento” se ha instalado en el vocabulario del área de aprendizaje.

Integrando formación y negocio.

Los gestores de negocio entienden el proceso por el cual la estrategia debe trasladarse a las personas de manera que todo el mundo entienda cómo le afecta a su trabajo diario. En definitiva algo tan sencillo como dar a conocer, qué se espera de ellos, qué deben hacer y cual es la diferencia entre esto último y lo que efectivamente hacen actualmente. Los profesionales de formación deben aprender a conectar sus actividades de aprendizaje tanto con los resultados anuales de negocio como con los objetivos estratégicos a más largo plazo.

¿Cómo podemos medir el valor de este activo intangible? O mejor aún, ¿Cómo puede una organización conectar la creación de este capital intelectual con la mejora de la rentabilidad, el crecimiento y su posición competitiva a largo plazo?

El Balanced Score Card como herramienta de mejora del rendimiento.

El Balanced Score Card (BSC) fue creado por Kaplan y Norton a principios de los 90 como una sencilla herramienta para mejorar el rendimiento de las organizaciones.

Su sencillez reside en tres pilares:

  • Entender la estrategia de la organización.
  • Traducir la estrategia en métricas y objetivos.
  • Alinear a la gente en torno a estas métricas y objetivos ( y por tanto en torno a la estrategia).

El problema es que aunque los tres pilares sean sencillos de entender, su puesta en práctica no lo es tanto. La dificultad que encontramos en el día a día para el uso del BSC se resume en la falta de una herramienta que permita “describir” de forma clara y sencilla la estrategia. Si no es posible describir algo con claridad, es muy difícil que seamos capaces de medirlo. Y si no medimos, el alineamiento, condición necesaria para un optimo rendimiento, no será posible.

El Mapa estratégico.

El “Mapa Estratégico”, diseñado a comienzos de este siglo como una herramienta de descripción de la estrategia, se ha convertido en una potente arma de comunicación y alineamiento.

El mapa estratégico proporciona una marco visual que muestra las relaciones entre los resultados de negocio ( resultados financieros y satisfacción del cliente) y los inputs estratégicos (Procesos operativos y Capital Humano). La forma sencilla y clara en la que este mapa está concebido permite alinear toda la actividad de la organización con la estrategia.

Una de las actividades más importantes en este proceso de alineamiento es la actividad de formación y desarrollo (Mejora del Rendimiento Humano). Como las personas formadas y entrenadas para cumplir con los requisitos de la estrategia son más valiosas, el alineamiento de las actividades de aprendizaje con la estrategia es una fuente de valor.

Por eso, el profesional de Formación y Desarrollo debe acostumbrarse a pensar de modo estratégico. Esta forma de pensamiento es un “estado mental”. Es una forma de contemplar los procesos de creación de valor de la compañía que permita crear un contexto apropiado para sus actuaciones, en el que el retorno de la inversión se maximice.

Esta perspectiva no es única para las actividades de aprendizaje, pero el apalancamiento que pueden conseguir los profesionales de “Mejora del Rendimiento” es monumental adoptando esta visión.

Conectando estrategia y operaciones

Aprendizaje y Capital intelectual.

La dinámica en la que se mueven los sectores punteros de la economía mundial viene definida por tres aspectos básicos:

  • La velocidad, que requiere una mayor capacidad de adaptación y cambio organizativo ( uno de los principales impulsos para las actividades de aprendizaje).
  • La lucha interna por recursos que exige que toda actividad de inversión demuestre su retorno y su contribución a la consecución de los objetivos financieros.
  • Intangibilidad de los activos más valiosos y diferenciales que exige realizar un esfuerzo para clarificar el impacto de estos activos (como el capital intelectual y el conocimiento) en la creación de valor.

Tradicionalmente el ROI es la métrica más utilizada para analizar el retorno de las inversiones. Sin embargo, cuando se trata de activos intangibles la utilización del ROI siempre ha contado con escépticos que ven esta métrica excesivamente limitante.

En este sentido, el BSC y el mapa estratégico son dos herramientas que permiten crear un marco conceptual que conecta las inversiones en activos intangibles y los resultados de la organización para el cliente y el accionista, mostrando su relación de causa-efecto.

De “Formación y Desarrollo” a “Mejora del Rendimiento”.

La creación de conocimiento y el desarrollo de las personas en la organización puede ser considerado un bien en sí mismo. (Aunque en este momento no lo parezca) Pero finalmente, la correlación efectiva entre desarrollo y resultados debe ser el objetivo de los profesionales de Capital Humano.

Las actividades de formación y desarrollo deberían por tanto ser consideradas según su eficacia a la hora de mejorar el rendimiento de las personas. Y para que su integración en los procesos de negocio sea profunda, deberían incluso cambiar su denominación y pasar de ser llamados “Formación y Desarrollo” a ser conocidos como “Mejora del rendimiento Humano”.

En este sentido, el BSC y el Mapa Estratégico constituyen herramientas que amplían notablemente el marco de actividades posibles que pueden diseñarse con objeto de mejorar el rendimiento en un aspecto concreto del negocio.

El mapa estratégico es una forma de visualizar la relación de causa-efecto entre los activos intangibles, los procesos operativos y la creación de valor para el cliente y el accionista. De forma general y mucho más en el sector servicios, el rendimiento solo se deriva en última instancia del comportamiento de las personas. Solo el comportamiento de las personas produce rendimiento y estos comportamientos se definen en la perspectiva de Procesos Operativos en el BSC.

En resumen.

La óptica del profesional de “Mejora del Rendimiento” no debe ser la mera creación de conocimiento corporativo. Su reto se encuentra en la puesta en práctica efectiva de ese conocimiento y el alineamiento entre objetivos de negocio, conocimiento y comportamientos. Este alineamiento,  permitirá que se alteren positivamente las métricas de rendimiento.

Para conseguirlo las tradicionales prácticas de formación se quedan pequeñas. La superación de esta situación solo puede producirse mediante la completa asociación de los profesionales de formación con la línea de negocio.

El Mapa Estratégico y el BSC son dos herramientas de cabecera para conseguir estos objetivos.

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